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Fecha de publicación: 01/12/2008
Declaración Institucional con motivo del Día Internacional del Euskera 2008
En el escrito el Gobieno Vasco, las tres diputaciones forales y Eudel señalan que para llevar un idioma minorizado a la normalidad, es "imprescindible procurarle el medio ambiente adecuado, y todos cuantos formamos la sociedad vasca seamos o no vascohablantes hemos de comprometernos en la consecución y sostenimiento de ese medio ambiente, sin que ello suponga, obviamente, renuncia alguna a la opción lingüística de cada cual, pero favoreciendo, al mismo tiempo, la ajena".

La celebración del Día Internacional de Euskera nos brinda una ocasión propicia para rememorar aquellas certeras palabras del insigne Mitxelena: "Así como nuestro país necesita su sitio entre los países, también nuestro idioma debe encontrar su lugar entre los idiomas; sin afán de vanagloria, debe procurarse un lugar que le garantice la pervivencia y el crecimiento".
Esas memorables palabras adquieren, si cabe, especial eco en la celebración del presente año. En efecto, en los inicios de este 2008, declarado Año Internacional de las Lenguas, los responsables de política lingüística del Gobierno Vasco, la Generalitat de Catalunya y la Xunta de Galicia suscribieron la Declaración de París por la pluralidad lingüística, con el objetivo, entre otros, de proclamar en los foros internacionales que "la pluralidad lingüística constituye uno de los valores fundamentales de la Unión Europea y representa un fundamento sólido para la construcción de una Europa unida y plural".
Junto a esa proclama positiva, y coherentemente con una posición favorable a la pluralidad lingüística, la referida declaración rechazaba "toda práctica causante o favorecedora de cualquier discriminación basada en la opción lingüística".
Rechacemos la imposición, por tanto, en materia de política lingüística, sea cual sea, euskera o castellano, la lengua que pretendiera imponerse. Rechacemos, en consecuencia, la tentación de impedir la opción lingüística de nuestros semejantes, por mucho que el motivo fuera un improbable beneficio para el euskera. Esta sociedad, que ha padecido la imposición contra el euskera, sabe bien que no es el de la imposición el camino que ha de conducirnos a la plena revitalización del euskera. Pero atención: así como para algunos todo cuanto se hace a favor de la revitalización del euskera resulta poco, para otros, por el contrario, todo es demasiado, y descalifican injustamente, tildándola de imposición,  toda, o casi toda, medida destinada a fomentar el uso del euskera y garantizar el derecho de los ciudadanos a vivir en esa lengua, cuando, de hecho, tales medidas nada tienen de imposición. En efecto, debemos proclamar, con idéntica firmeza, que una política eficaz en pro del bilingüismo real comporta, ineludiblemente, deberes, y tales deberes conciernen, especialmente, a la salvaguarda y promoción del idioma más débil, pues éste es el que debe ganar ámbitos, funciones y hablantes. Dichos deberes, además, han de ser fruto maduro del acuerdo, si se pretende que surtan verdadero efecto en la vida social. La materia a acordar se circunscribe, por tanto, a las características y ritmos de las obligaciones a establecer en orden al fomento del euskera, siempre desde el punto de vista del multilingüismo, y no a si es o no necesaria una política pública de fomento del euskera y del bilingüismo. En este terreno, es notoriamente fraudulento confiar a unas inciertas leyes de la oferta y la demanda la evolución y convivencia de las lenguas.
Porque, además de erróneo, reivindicar la desregulación en materia de política lingüística es también falaz. Más falaz y erróneo es, si cabe, el discurso que niega legitimidad a la regulación en dicha materia. Y pasa de falaz a perverso el propósito de identificar regulación e imposición. El multilingüismo, al menos el multilingüismo equilibrado que propugnamos, precisa que las prácticas lingüísticas que se desarrollan en el ámbito público sean reguladas, puesto que la desregulación favorece, en sí misma e invariablemente, al idioma más fuerte. No olvidemos que la legitimidad democrática de toda norma dimana de la voz de la sociedad y del carácter democrático de la propia norma. La regulación democrática se sitúa, por tanto, en las antípodas de la imposición, y resulta imprescindible para llevar a la práctica una política lingüística de perspectiva histórica progresista y destinada a incrementar y extender a nuevos ámbitos el uso del euskera.
No obstante, reconozcamos, antes de que sea demasiado tarde, que tampoco en este terreno bastan las normas. Porque la normativa, sin adhesión, es como un cauce seco: puede que llegue a los campos, pero nunca podrá fertilizar la tierra. En efecto, la única forma de adhesión que el euskera precisa y que podemos aceptar ha de cumplir claramente ciertas premisas, tanto si las raíces de dicha adhesión son políticas, culturales o sociales: debe ser integradora, pues ha de generar cohesión, y no división; debe ser abierta, pues el euskera extrae de la pluralidad su energía para avanzar, y no de una afinidad uniformizante. En una palabra, el euskera necesita una adscripción que respire naturalidad, en armonía con el modo particular en que cada cual concibe y vive su manera de ser vasco.
En definitiva, para llevar un idioma minorizado a la normalidad, es imprescindible procurarle el medio ambiente adecuado, y todos cuantos formamos la sociedad vasca -seamos o no vascohablantes- hemos de comprometernos en la consecución y sostenimiento de ese medio ambiente, sin que ello suponga, obviamente, renuncia alguna a la opción lingüística de cada cual, pero favoreciendo, al mismo tiempo, la ajena. El euskera, claro está, necesita perentoriamente ese compromiso del conjunto del cuerpo social. Porque la cuestión no se reduce a garantizar cierta pervivencia al euskera; antes bien, se trata de situarlo en la fructífera senda del crecimiento sostenido. Ése es el mejor objetivo para una política lingüística que ha de conducirnos al multilingüismo.
Tal objetivo, no obstante, convoca especialmente a nuestros conciudadanos y conciudadanas monolingües. Porque para avanzar en el camino del multilingüismo equilibrado y, por tanto, de la normalización lingüística los ciudadanos y ciudadanas monolingües deben dar pasos hacia el euskera. Porque no es posible garantizar al euskera el aliento que precisa si cada uno de nosotros y nosotras, cualquiera que sea su opción lingüística, no se esfuerza por remover los obstáculos que dificulten el desenvolvimiento de quien se expresa en euskera. Sólo de ese respeto práctico proviene la viabilidad del multilingüismo. Aquí y en cualquier lugar.
Asimismo, una política lingüística favorable al euskera no puede considerar como rival a ninguna otra lengua o universo cultural. Y no únicamente porque en tal hipotética rivalidad sería el euskera la lengua más perjudicada. Sino sobre todo, y más allá de esa certeza, porque supondría una contradicción insalvable para la cohesión de nuestro pueblo. En efecto, los ciudadanos y ciudadanas vascos formamos una única sociedad en la que viven simultáneamente y comparten espacio múltiples mundos, todos ellos complementarios. Esto es, el mundo que se expresa en una lengua distinta al euskera se fortalece protegiendo al euskera, de la misma manera en que el mundo que se expresa en euskera se fortalece aceptando de buen grado la convivencia con otras lenguas. Porque nuestro pueblo, además de contener multitud de universos, se siente orgulloso de todos ellos. Precisamente por esa razón, entre otras, desea nuestra sociedad ser verdaderamente multilingüe, porque el multilinguismo nos beneficia a todos, sin que nadie pierda nada. Mientras que dando la espalda al euskera, por el contrario, no hay beneficio posible. Sí, en cambio, perjuicio. Además, somos todos sin excepción quienes perdemos viviendo de espaldas al euskera, y todos ganamos haciendo al euskera el sitio que necesita en nuestra vida y en nuestra sociedad. Pues en eso, precisamente, consiste ser un pueblo.
Sólo a través de la relación sana con los demás idiomas hallará el euskera, por tanto, el lugar que entre las lenguas le deseaba Mitxelena.
Y la clave de dicho objetivo radica en la cooperación; una cooperación guiada por una política lingüística abierta y eficaz. Pues ése es, en definitiva, el cometido que, en esta materia, nos corresponde a las instituciones vascas: diseñar, renovar y poner en práctica una política consensuada y eficaz para la revitalización del euskera, en la cual tengamos cabida todos los ciudadanos y ciudadanas vascos.
En ello se plasma el compromiso que las instituciones vascas, guiadas por el aquilatado deseo de Mitxelena, proclamamos en el Día Internacional del Euskera: acuerdo, adhesión, uso.

Vitoria-Gasteiz, 1 de diciembre de 2008

Euskadi, bien común